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Ya hemos hablado, en el anterior post, de los valores que se veían reforzados por la escalada como actividad deportiva colectiva. Haremos referencia ahora al estrecho vínculo que, desde sus orígenes, la escalada mantiene con la naturaleza en general y las montañas en particular.

Cada vez es más frecuente que los jóvenes se inicien en este deporte en un rocódromo. La proliferación de estas “paredes artificiales” ha ayudado a difundir la práctica de la escalada segura en nuestra sociedad cada vez más urbana. Al mismo tiempo, la relación intrínseca de la escalada con la naturaleza hace que estas instalaciones sean una plataforma privilegiada para la educación ambiental.

Hoy en día la sociedad globalizada, la sociedad de la información y la comunicación, se enfrenta a nuevos retos que hacen que la educación ambiental sea tan necesaria como cuando se acuñó este concepto hace medio siglo. Por una parte han aparecido nuevos problemas y amenazas para el medio ambiente, consecuencia de las actividades humanas, de las que quizás el cambio climático es la más conocida. Por otro lado, las sociedades actuales son, cada vez más, sociedades netamente urbanas, cuyo contacto con los ecosistemas naturales es a veces casi anecdótico, a menudo mediatizado e idealizado como espectáculo televisivo.

En su acepción más reciente, la educación ambiental no se reduce a la adquisición de conocimientos sobre ecología y medio ambiente, sino que se trata de una disciplina transversal que aborda también aspectos como la salud, la nutrición y la responsabilidad social. Por ello, favorece la capacidad de razonamiento complejo, interrelacionando diferentes niveles, como lo global y lo local.

Conciencia ambiental

Al mismo tiempo, estimula la concienciación acerca de las consecuencias de nuestro modo de vida sobre nuestra salud y sobre la salud del planeta. Este pensamiento reflexivo está en la base de un razonamiento crítico, tan necesario en una sociedad como la nuestra, saturada de información.

Esta conciencia ambiental, que abarca desde la alimentación al consumo energético, refuerza significativamente los valores de responsabilidad y respeto. Responsabilidad y respeto de los jóvenes con su propia salud, con la comunidad en la que vive, con otros seres vivos, con las futuras generaciones.

Por último, el rocódromo es casi siempre punto de encuentro de escaladores y amantes de la naturaleza, y punto de partida de actividades en la montaña y otras zonas de escalada. De esta forma, la escalada se convierte en la excusa perfecta para sacar la educación ambiental fuera del aula, pero también fuera del ambiente urbano. Aprender con las manos y los pies sobre la roca, atravesando arroyos y prados camino de las paredes de escalada, con la ayuda y la seguridad de instructores de escalada con una sólida formación ambiental.

Todo el personal de GekoAventura tiene una clara vocación en este sentido…

 

Stefania Zorzi.  Bióloga, escaladora y amante de la naturaleza.

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