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La escalada ayuda a desarrollar las habilidades físicas, cognitivas y socio-emocionales de los jóvenes, como hemos comentado en entradas anteriores.

Por un lado, tenemos las características específicas de la escalada como deporte: el desarrollo de la flexibilidad, la gestualidad, la coordinación, la fuerza-resistencia, la intuición, la observación reflexiva del entorno en el que se desarrolla la actividad, la confianza y la comunicación con el compañero o la compañera de cordada… En futuras entradas tendremos ocasión de desarrollarlas con más de detalle.

Hoy nos ocuparemos de las paredes del rocódromo y su importancia como auténticas plataformas para el aprendizaje lúdico, donde poder trabajar los diferentes contenidos de educación primaria y secundaria. Los plafones que forman la pared de un rocódromo siguen un patrón geométrico, que permite colocar en diferentes posiciones diferentes tipos de presas numeradas o con un código de colores, que podemos modificar según las necesidades de cada actividad y de cada grupo. Esta versatilidad ha dado lugar al desarrollo de una gran variedad de juegos y actividades, en las cuales, a través de la escalada, se trabaja para superar desafíos o resolver problemas en equipo o individualmente. De esta manera, el juego y la actividad física permiten consolidar los conocimientos preparados previamente en el aula. La participación activa de las alumnas y los alumnos estimula, además, que éstos planteen dudas, o sus puntos de especial interés.

Un ejemplo de actividad individual es trabajar los conocimientos de anatomía humana a través de tablillas con dibujos o palabras colgadas de las presas. Cada tablilla indica una parte del cuerpo. Posteriormente, cada jugador o jugadora deberá recoger, por ejemplo, aquellas tablillas relacionadas con el “miembro superior”. Deberá por tanto pensar primero desde el suelo el trazado más lógico para alcanzar esas presas, y posteriormente completarlo… sin caerse. Este patrón, con modificaciones, puede aplicarse según las diferentes edades, para el refuerzo de la lectura o del cálculo, así como para otras áreas de conocimiento.

El ciclo del agua es, a su vez, un buen ejemplo de actividad en equipo. Cada grupo y cada miembro del grupo representarán un papel en el ciclo del agua y ocupará un lugar en la pared siguiendo un código de colores o una determinada numeración en las presas. La mayor o menor dificultad del trazado, las presas mejores y peores, la verticalidad de la pared, contribuyen a la toma de conciencia de la fragilidad de los ciclos naturales, de la complejidad de los elementos que hacen del agua una riqueza que no hay que malgastar. Se trata de completar el ciclo sin caerse, a pesar de las dificultades que nos plantea el plafón o el equipo contrario, ¡pero también de ponerse en el papel de una gota de agua que intenta llegar a un lago de montaña o a nuestros grifos!

Gracias a estas técnicas, desarrolladas por personal cualificado y en unas instalaciones que garanticen una total seguridad, las alumnas y los alumnos tienen un papel activo en el aprendizaje, tanto en la realización del juego como en la reflexión posterior que siempre acompañará a cada actividad realizada en el rocódromo.

Stefania Zorzi, escaladora, amante de la naturaleza y bióloga marina.

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